jueves, 20 de noviembre de 2014

Amapola

Había una vez,
en un país donde abunda la primavera,
flores hermosas de todo tipo,
que vivían disfrutando de la tierra.

La azul brisa de la mañana les rociaba el encanto
y esperaban con ansias las noches plateadas.

Estas bellas florecitas
suspiraban por las estrellas,
de noche no dormían
pensando en todas ellas.

De cuando en cuando
al momento oportuno
un astro bajaba
y se posaba sobre alguna…
solo entonces
el botón florecía
y por todo el lugar
 su olor esparcía.

Era un espectáculo hermoso,
lleno de magia y deseo.
Era el sueño de cada semilla
que alguna vez brotaba del suelo.

Amapola había brotado
no hacía mucho tiempo,
sus antiguos atuendos había desojado
y ver estrellas era su pasatiempo.

Ella suspiraba
y le parecía curioso
cómo en forma de hada
bajaban las estrellas
y cómo se posaban sobre ellas.

Anhelaba su momento oportuno,
mil sueños pasaban por su mente.
Ya hasta había posado sus ojos
en un astro azul del Oriente.

Así pasaban sus días
y la bellísima amapola
buscaba cada noche
el amor de su alma sola.

Una noche un astro bajó
a lo lejos se oían pasos
pero ninguno los escuchó.

El cielo entero festejaba
la boda de la Rosa
y la Estrella Dorada.

Todos hablaban y no escucharon
cuando unos pasos por el jardín pasaron.

Tijera en mano,
sucio hasta lo ínfimo

Su tosca mano izquierda
y su mirada de asesino
se posaron sobre Amapola.

En dos segundos la arrancaron.

Ella intentó quitar su lindo vestido
de las sucias manos del hombre
pero él era fuerte,
y ella tan débil…

Todos sus sueños plateados
se desvanecieron en un instante.
Ella no entendía,
estaba confundida
sus rosas lágrimas
al suelo caían…

La tijera cortó sus raíces bellas
la rodearon en vidrio frío
y la llevaron de prisa
a la casa de un rico.

Ah presencia deplorable,
ah sucios delirios.
Pensamiento insano.

Las gordas manos
forzaron al botón,
sus negras intenciones
quebraron el cerrojo
y con él,
el alma de amapola.

Tres pétalos cayeron y mil lágrimas tristes.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
Los gritos no funcionan.
Aquí nadie escucha.
Todos las verdades aprisionan.

Se  tapan los oídos
y reciben en baldes
el dinero deplorable del rico,
dinero mal habido.

Y amapola, acabada,
se desmaya de su silla plateada.
En la negra y oscura noche
se desvela hasta la madrugada.

A lo lejos se oyen los cantos
de alegría de las flores.
Ella está fría y seca
cubierta por basura de colores.

Ay Amapola…
¿quién detendrá
al hombre de tijeras?
¿Quién atacará
el poder del rico?

Ay Amapola…
se pregunta si aún
habrá de venir un astro dorado
a posarse sobre
sus pétalos forzados…


Ay Amapola… Ay amapola.

lunes, 27 de octubre de 2014

Adiós

Sin nudo en la garganta
Sin vagas emociones
Sin azules, ni grises
Sino con franqueza
te digo,
adiós

Adiós
porque el hola se nos hizo largo
se me acabó la paciencia
y a ti las intenciones

Danzábamos ritmos distintos.

Me cansé de perderme en tus ojos,
de escucharte la mente
y recibir nada a cambio...

Te acompaño a la mitad del camino
Ve solo
Estarás bien.
Yo también.

Por eso aquí
sin la intermitente llama
que provoca el querer.
Ni llora el cielo, ni ríe.
Todo está bien, todo en calma.
Con la mano en el alma, 
adiós.

Te quiero, sí. Me duele.
Me quieres, dices, no sé.
No llores.
Te brilla la mirada de tantos sueños
de tanto futuro...
Yo estoy contenta de haberte acompañado
la mitad del camino.

Sí. El beso que te daré luego
será distinto,
las manos que tengo 
ya no son tuyas
ni tuya mi cintura
ni mis ojos soñadores
ni mi mente amplia
ni mi alma en calma
ni mi futuro
ni mis acciones
no soy ya tuya...
Soy mía, de mis ideas,
de mis propios sueños,
De mí misma,
de mí misma.

Puedes quedarte con mi pasado.
Con mi pedazo de cielo
que siempre fue tuyo
Con mis cartas... calla, 
todo eso te pertenece.

Mis amores dulces,
Mis palabras
Mis apodos...

Solo voy a caminar
en otra dirección
solo voy a irme.
No pasa nada
Adiós.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Ojalá este nunca más no esté ocultando un hasta pronto

Los segundos galopan como jinetes,
se apresuran hacia el precipicio
haciendo sonidos sordos,
como platos al caer.

Cuánto te quise, amor,
cuánto te quiero.

Se acerca la mañana sobre nosotros,
el negro del cielo se torna gris...
azul...
invierno...

Aquí estoy, enredada
con el color de tus palabras,
cerca del mar de tu mirada profunda
y de tus recios amores.

Resuena en mi alma cada una...
cada una de tus caricias
hacen eco en mí,
las quiero eternizar.

No puedo.

Caen mis intenciones
como árboles talados,
como hojas movidas por el viento,
como suspiros

No puedo. No debo.

Se apresuran los segundos
y yo en la encrucijada.
Debo decidir.

Corro hacia mi camino
sin voltear
arrancando de mi
cada pedazo de ti...
cada... pedazo... de ti.

Aquí, alambrada contigo,
aquí, soltándome de nuevo.

Quisiera dejarme contigo,
e irme, y quedarme sin estar
y estar siempre,
y nunca.

Y me pregunto qué hay
entre ese universo de neuronas
que sé que se esconden detrás de tus ojos
y quisiera entrar en la cueva de tus pensamientos
y visitar tus intenciones.

Pero no puedo...
No puedo y tu no me dices
y no quiero que me digas
y quiero saberlo
sin que me digas
ni me dejes de decir.

Aquí estoy
desenredándome... espero, de ti.

Volverá a amanecer
y el tiempo pasará
y los segundos serán mis aliados,
y los tuyos.

Solo debo dar un paso, uno solo.

Quiero que seas feliz
para siempre, mi amor,
sin mi.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Temor

Mis sueños me dan miedo
me asustan
me cansan

Mis sueños son pequeños insectos
que brillan de noche
que molestan en las mañanas

No me dejan dormir
y me dejan

No me dejan pensar
y me hacen pensar

Me traen
Me llevan

Mis sueños me asustan
porque son hermosos
Y puede que no sucedan
y me matan con la posibilidad
de que sucedan.

lunes, 14 de abril de 2014

Gerardo / Cuentos de calle.

Gerardo tiene 13 años. Sé que debió haber sido el dolor de cabeza para cada maestra que tuvo, hasta tercer grado (que es donde supongo que se quedó).

La primera vez que lo vi fue en una esquina. Estaba a punto de cruzar la calle conmigo pero aún no nos favorecía el color del semáforo. Sus ojos saltones me encontraron y pensé que iba a robarme. No supe qué hacer y le sonreí.

Cruzamos la calle juntos y, al llegar a la esquina escuché que la señora de los panes le gritaba algún regaño. Actué como si no me importara. Él alzó la mano, gritó alguna cosa como “¡sí hombre!” y continuó caminando a la par mía, a unos metros. Supuse que era el conocido… el chico que todos odian, que le trae problemas a todos, pero el que saca las más sinceras sonrisas también.

“Es que cuesta va seño” me dijo de repente, fue peor que asaltarme, tampoco supe qué decirle. Sus ropas estaban sucias hasta el alma, lodo sobre tierra sobre manchas, sus tenis que alguna vez fueron parecidos a los tacos de algún jugador famoso, creo que eran verdes, o amarillos, seguro ahora son café… y sus ojos saltones, apuesto a que tenía algún apodo. No había nada en su ser que estuviera limpio, ni las manos con las que comía tan desinteresadamente las frituras que llevaba. Todo sucio. Claro que cuesta… pero a mi no tanto como a él. ¿Qué decirle? “Sí, cuesta”. Le respondí como cualquier ser humano.

La siguiente esquina fue curiosa, una señora llena de orgullo nos vio venir. Decidió quedarse quieta hasta que pasáramos frente a ella y por primera vez pensé en todo el desprecio que pudo haber recibido este chico que caminaba de forma graciosa a la par mía… a unos metros.

“¿A dónde vas?”
“Al periférico, a la tienda de mi tía”
“¿A ayudarle?”
“No, yo a molestar llego”
Sonreí.

Cruzamos otra cuadra juntos. Pensé en nuestras diferencias. Pensé en nuestras similitudes.

“¿Cómo te llamas?”
“Gerardo”


Gerardo tiene 13 años. Tiene la estatura de un niño de 8. No estudia. Y asalta con ojos saltones y preguntas a la gente que pasa por ahí.

viernes, 21 de marzo de 2014

Caminos y Ciudad

Abrázame hoy, cielo.
Desfallezco.

Sentí partir mis fuerzas hace dos cuadras,
el ánimo prometió venir pronto
y tardó...
sigo esperando.

Abrázame hoy, amor.
Me canso.

Los párpados me sientan pesados,
los hombros traen mil cargas invisibles
ideas oscuras me susurran
confusión...

Abrázame hoy, vida.

Abraza el cuerpo del que cuelgan este par de pies
que han andado mil caminos
y en ninguno te han encontrado.

Déjame llorar contigo.
Que los días alegres también agotan
y aprendemos a disfrutar el sufrimiento

Ay amor, ay amor...
Déjame recostarme una vez más
en los brazos en los que me siento segura.

Abrázame fuerte amor, no me sueltes
No vaya ser que la negra noche nos juege
aquellas cosas que tantas veces
tantas olvidadas veces
hemos perdido.

No me dejes marcharme cansada
que es largo el camino
que debo recorrer
para llegar a casa.