miércoles, 22 de octubre de 2014

Ojalá este nunca más no esté ocultando un hasta pronto

Los segundos galopan como jinetes,
se apresuran hacia el precipicio
haciendo sonidos sordos,
como platos al caer.

Cuánto te quise, amor,
cuánto te quiero.

Se acerca la mañana sobre nosotros,
el negro del cielo se torna gris...
azul...
invierno...

Aquí estoy, enredada
con el color de tus palabras,
cerca del mar de tu mirada profunda
y de tus recios amores.

Resuena en mi alma cada una...
cada una de tus caricias
hacen eco en mí,
las quiero eternizar.

No puedo.

Caen mis intenciones
como árboles talados,
como hojas movidas por el viento,
como suspiros

No puedo. No debo.

Se apresuran los segundos
y yo en la encrucijada.
Debo decidir.

Corro hacia mi camino
sin voltear
arrancando de mi
cada pedazo de ti...
cada... pedazo... de ti.

Aquí, alambrada contigo,
aquí, soltándome de nuevo.

Quisiera dejarme contigo,
e irme, y quedarme sin estar
y estar siempre,
y nunca.

Y me pregunto qué hay
entre ese universo de neuronas
que sé que se esconden detrás de tus ojos
y quisiera entrar en la cueva de tus pensamientos
y visitar tus intenciones.

Pero no puedo...
No puedo y tu no me dices
y no quiero que me digas
y quiero saberlo
sin que me digas
ni me dejes de decir.

Aquí estoy
desenredándome... espero, de ti.

Volverá a amanecer
y el tiempo pasará
y los segundos serán mis aliados,
y los tuyos.

Solo debo dar un paso, uno solo.

Quiero que seas feliz
para siempre, mi amor,
sin mi.