La Lucha Cotidiana

Debajo del asedio del tiempo

la siguiente ola pasa de nuevo

arrastrándome a la orilla

que no llega.


Otro minúsculo tormento

otra fatiga

otro "¡ay! Dios mío"

que cabizbaja digo

arrodillada a la orilla de mi cama.


Toda mi oración se redujo

a tres palabras...

no hay más que decir y sin embargo

afuera se levantan monstruos peores

que contra los que lucho a diario.


Esta es mi trinchera.


Quiera Dios ver a su sierva

con agrado.

Acallar las voces, la batalla,

o aumentar las fuerzas.


Mis héroes solían tener

poderes de los que no ha oído el tiempo...

hoy volteo para ver

al hombre que con su sudor santo

carga el tercio de leña, sonriendo.


Así, acorralada entre la vida y la muerte

entre lo santo y lo inmundo

entre lo cotidiano y lo eterno

en el vértice absoluto de la Palabra

favorezco en carne propia

y en contra mío

que gane el bien,

en lo que yo muero.

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