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El otro hombre

El otro hombre, para verse, utilizó los ojos de un amigo. El otro hombre, para descansar, se fue a pasear por el desierto. El otro hombre, para vestirse, mató un animal y usó su piel. El otro hombre, para informarse, hacía las preguntas correctas.        El otro hombre se gobernaba a sí y gobernaba su tierra.

Subjetiva

Era octubre, o eso pensaba. "Sucedió de golpe, y estuvo enamorada" decía la gente que la observaba... la gente ignorante, la gente objetiva., esas personas que ni mencionarlas quiero en este pedazo de papel subjetivo. No tan "de golpe", no tan enamorada... solía respirar profundamente bajo la risueña sombra de las hojas grises... que eran grises porque ella así las veía. Las batas blancas adornaban el entorno y sobre ella giraban colores que acariciaban su alma, pero todos eran grises, negros y azules fríos y ella los disfrutaba. Sus ojos contaban una historia de amor, la contaban siempre aunque ya había acabado... él se había marchado, le dijeron, y ella seguía enamorada. Caminaba por los senderos acompañada, acompañada de batas blancas, de sueros y de nada... camina ahora acompañada de nada, de nada que la satisfaga como aquél día de octubre: a su izquierda el sol de madrugada, ella era la bufanda roja y él era el saco bajando del tren. La mi...

Acerca de Ella (La Historia)

Observé detenidamente... se deslizó entre mis neuronas de forma exquisita, la podía sentir palpitando en mis venas. Esos eran días rojos, días verdes y de poca luz. Por otro lado eran días gloriosos, días honorables y llenos de sabiduría. Ella me habló; me habló con curvas y dinteles, con arcilla y rajaduras, con madera, con corceles, con caminos empedrados y con fuentes. Ella me miraba y despertaba conmigo, me sorprendía. Caminé a sus anchas, escuché a sus portavoces. Ella tejía, ella teje. Y le canté a la luna, al arco, a la fuente, a las luces amarillas de esos días rojos y verdes... y escuché el silbido y caminé por los mismos pasos, y toqué aquella pieza de antaño y sentí ganas de amarla. Respiré hondo y me llenó de orgullo. Me coloqué en la delgada línea que la divide de este presente continuo que me persigue, y quise contenerla, retroceder a esos días, a esos días de guardacantones y frailes, a los escudos de armas, a los colores, al barroco de la fuente, al preclásico d...

Un sorbo de vida

Déjame inundarme con los recuerdos... déjame huir de la realidad hacia la realidad. Déjame salir corriendo hacia esa roca inmensa y atravesarla de golpe. Saltar de ese precipicio para sentir el aire a mi alrededor. Respirar el aire más denso, a modo que llene mis pulmones. Agudizar mis oídos a los ruidos que otros ignoran. Déjame sentir más, déjame percibirlo todo. El agua fresca bajo mis pies, la tierra negra entre mis dedos, los colores vivos y aquellos que hablan silenciosamente, que susurran misterios, tan inocentes... Y morderme la lengua para no gritar de la alegría, para seguir recibiendo y no interrumpir la sinfonía gloriosa de lo que me rodea, de lo que me rodea realmente y no de lo que los hombres ignorantes han creado. Déjame huir de esta realidad y adentrarme a lo verdaderamente real... que se deleite mi espíritu, mi alma y mi cuerpo, dentro de esta galaxia que no gira a mi alrededor, que lleva otro tiempo, que nos ignora y se ríe de lo que hemos hecho importante. Déjame vi...

partida...

Y la luna que lentamente se movía, frente a aquel augurio azul y obtuso, mientras suspiraba sombras el poniente... Y la raíz de los árboles secos se desplegaba con el silencio. Eras la estrella intermitente del Este, Tú, que de sosegada forma calmabas mis momentos y me hacías grande... "Jamás" expresaron mis labios. "Jamás de nuevo en el mismo lugar". Pero mi corazón entre súplicas... Yo misma calmaba el anhelo oscuro de quedarme.

...

Ella se sentó nuevamente en la orilla de ese precipicio imponente que se desplegaba debajo de donde solía estar, era una de esas figuras que al verlas te sientes impotente... pero ella lo miraba de una forma distinta... lo miró como a un anciano al que no le temía y en cierta forma se dejaba seducir por ello. Columpiando sus pies que colgaban de ese vestido rosa (su favorito) que se movía con el viento... sus pequeñas manos se tomaban frágilmente de la orilla, dejando caer pequeñas rocas que siempre eran observadas... El sonido del río apenas... apenas llegaba a sus oídos cuando estaba en el campo, pero este escenario hacía que su oído se agudizara y lograra escuchar incluso las pequeñas gotas que caían sobre las rocas... Solía preguntarse con mucha frecuencia, qué se sentiría al caer. El precipicio era inmenso, ella... tan frágil...

Lo que sucedió cuando un mundo perfecto y un país extraño se encontraron (Parte II)

Noche, ella cubre la espera... la hace más profunda, más densa... El tiempo corre rápido y se le acaba. La luz ilumina su rosto, y una sonrisa se dibuja sobre el de ella. Él no la ve aún y ella anhela que sus ojos se vean, ha estado lista. Se acaba la nocha; sí, en tres pasos, en tres segundos se acaba la noche y toda oportunidad de estar con él nuevamente se resume a una sola. Ella camina hacia donde él está. (Recordando todas aquellas cartas sin enviar que guarda en un cajón) Sus ojos se encuentran... sus ya conocidos ojos se ven una vez más. La debida sonrisa no puede ser más natural en ella y ésta produce la de él... vaya, una ventaja de Annie, un punto débil que conoce. Se agota el tiempo y las razones para estar cerca. Improvisan. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvieron juntos... y entre palabras ella oculta el grito que lleva por dentro, lo ha querido todo este tiempo. Crecen, crecen con cada segundo sus ganas de abrazarlo, sus ganas de decirle todo lo que le h...